La Última Frontera es Vélez

Por La Papa Metalica

Los recitales de Iron Maiden nunca son “uno más”. Siempre tiene sus particularidades, ya sea porque el público da la nota (como pasó en la presentación de “Brave New World” hace unos cuantos años) o por que la banda deja el alma en su performance. Y si hay que meter este show en alguna de esas dos categorías, hay que decir que encaja perfectamente en la segunda definición.

Foto: Ironmaiden.com

Pero este recital tenía condimentos que lo hacían aun más especial que en otras oportunidades. En este caso, se supo que la banda grabaría el show para la posterior salida de un DVD que tuviera como protagonista al público argentino. Así que no hay mejor excusa para desgranar lo que fue este gran evento. Es hora de empezar por el principio.

Apenas pasadas las 18 hs, salía a escena el primer soporte, el siempre menospreciado Adrian Barilari. Un cantante que tiene un registro único en el ambiente local, pero que desgraciadamente cometió el “pecado” de ser parte de Rata Blanca, y así ganarse el repudio de gran parte del mundo metalero argentino. Y como bien es sabido (le pese a quien le pese) acá no se perdonan los éxitos, así que Adrian se enfrentaba a una mala predisposición por parte de la audiencia. Sin embargo, en el escenario el enano se agiganto.

Con algunos problemas de sonido al inicio de su set, la banda de Adrian salió a escena con el material más pesado que tiene e incluso hizo que unas cuantas cabezas que antes los veían de reojo, comenzaran a moverse al ritmo de riffs bien pesados. Una pena que una perla como “Abuso de Poder” (el tema) haya tenido problemas con el sonido de la viola; pero fue algo que se solucionó casi con inmediatez, y así sonaron temas como “egoman” o “cazador” que, seamos sinceros, si bien no lograron que la audiencia saliera corriendo a comprar el disco de la banda; si los dejaron bien parados frente a una multitud que era, al menos, escéptica ante este acto soporte.

Unos minutos después de la presentación del crédito local apareció en escena Kamelot. Ya parecía que los organizadores lo habían hecho a propósito, porque de nuevo era una banda no muy del agrado de la mayoría del público. Sin embargo la banda sonó muy bien en líneas generales, y si bien para quien escribe los temas resultaban desconocidos; Kamelot dio un show potente y correcto, acompañados en este caso por Fabio Lione en reemplazo temporal de su tradicional vocalista. Además, la presencia de Simone Simons, la cantante de Epica, no hizo más que sumar para la aprobación del público, en especial a la facción masculina del respetable.

Foto: rocknvivo.com

Terminado el show, comenzaron los típicos movimientos en el escenario que pre anunciaban la salida del plato principal de la noche: Iron Maiden. Pero había sorpresa por parte de la banda. Minutos antes de que comenzara su show, salió a escena Sam Dunn, el director de rockumentales y precisamente de la película “Flight 666” de la doncella; para confirmar lo que ya todos en el estadio sabían: “como fueron el público más ruidoso de la película, la banda decidió grabar este show para un futuro DVD. Así que el desafío es que esta vez sean más locos!”. Esto fue (palabras más palabras menos) lo que expresó el director antes de decir que dejaba al público en presencia de Iron Maiden.

Y así fue, minutos después del anuncio de Dunn, Vélez se sumergió en la oscuridad total para escuchar la (un tanto larga) intro “Satellite 15”, que hacía que los minutos parecieran eternos. Pero llegó. Confieso que, si bien el último disco de Iron Maiden me pareció excelente, no confiaba en “The Final Frontier” (el tema) para arrancar con potencia un show. Sin embargo no se podía estar más errado. La banda salió a escena con una fuerza que trasciende cualquier canción con la que decidan abrir, y en cuestión de segundos tenían a todo el público comiendo de la palma de sus manos. El sonido no puede definirse con algo menos que excelente, y logró mantenerse así de punta a punta del show. Al primer tema le sucedió “El Dorado”, uno de los temas nuevos mas festejados por el público; al cual casi sin anestesia le siguió “2 Minutes To Midnight”, el primer clásico de la noche. El tándem conformado por “The Talisman” y “Coming Home” demuestra que la banda confía en su nuevo material y dio por tierra con aquellos escépticos que solo querían escuchar los clásicos.

Pero estos últimos no se hicieron esperar, y fueron ejecutados cada uno a la perfección: por la lista pasaron joyas como “Dance Of Death”, “The Trooper”,  “The Wickerman”, o “Blood Brothers” (dedicado a los fans de Japón y de Australia). Tres de los mejores momentos de la noche se dieron al hilo; “When The Wild Wind Blows” (saca chapa de futuro clásico), “The Evil That Men Do” (una favorita personal, aunque debo reconocer que no contó con la emoción del show de 2009) y “Fear Of The Dark” (esa donde históricamente los argentinos nos fundimos en un pogo furioso).

Foto: Devillaugh.com.ar

Pero si hablamos de la doncella no podemos dejar pasar a Eddie. Esta vez la mascota más conocida del metal salió como en la tapa de su último disco y debo decir que cuando saltó a escena no pude evitar que se me cruzara aquella vieja cabeza que sangraba por la boca y que dio origen a este mítico muñeco… como evolucionó!!!!  A las boludeces de siempre con Janick; esta vez Eddie le sumó una muestra de sus cualidades como guitarrista…. Y estoy seguro que toca mejor que unos cuantos muertos que andan girando por este mundo… en fin…

Pero no todo estaba dicho en torno a la mascota de la banda de Harris. Si hacía falta algo para que este show fuera más especial, esa fue la salida del Eddie gigante, como siempre en el tema “Iron Maiden”. Se trató de una cabeza que se asomaba atrás de la batería de Nicko Mc Brain, mostrando sus colmillos; y que podía variar en tamaño desde los 3 hasta los 20 mts (según que tan drogado/copado/extasiado estuviera el fan que tenías al lado… o vos).

El encore llegó, de la mano del siempre tan escuchado (pero nunca rechazado) “The Number Of The Beast”, del disco homónimo, donde se escuchó una banda a pleno en la que siempre destaca la genial garganta del buen Bruce.  Pero uno ya sabe lo que viene acá, lo que anuncia esta canción… todo va llegando a su fin y esta vez no fue la excepción. Y si bien el siguiente tema no era una novedad (lo vienen tocando desde hace un tiempo), me pongo de pie para señalar lo que fue EL mejor momento de la noche: “Hallowed Be Thy Name”. Es que si dije que la garganta de Bruce sobresalió en toda la noche, a esta altura del show y principalmente en este tema, fue donde más se notó. La emoción que se puede sentir en esa atmosférica intro, en ese alarido extendido que abre la puerta a la primera estrofa; es muy difícil de explicar en palabras… saben qué? Esperen al DVD. La noche terminaba con “Runnin’ Free” (disculpen, no es que no me interese comentarlo, pero me quede sin palabras luego de “Hallowed..”), lo que significó la ida del grupo del escenario.

Y listo, ya está. Las luces se prendieron, el pogo se desarmó, y lo único que se veía eran miradas desorientadas y caras de satisfacción.  Rostros que se movían entre la incredulidad de lo que se acababa de ver, y la certeza de haber estado ante otro show clásico. Maiden lo hizo de nuevo. Sin baches. Sin putadas como Bono (metete la garra en el orto!!!!). Solo metal.

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