Helloween y Stratovarius en Groove: El Power Metal Reina

Por La Papa Metálica

El power metal es, sin duda, uno de los géneros más resistidos por los fanáticos del heavy metal en general, al menos en lo que respecta ala Argentina. En mi caso particular, hubo momentos en que disfrutaba muchísimo de él, pero como le paso a una buena porción de público metalero; este género no fue más que la introducción a un amplio abanico de emociones que conllevan otros tipos de metal, como la furia del thrash o la brutalidad del death.

La presentación de Helloween con Stratovarius el martes 10 de mayo en Groove, el boliche de Palermo, era el lugar indicado para aclarar una duda de hace un par de años: ¿el power metal no tiene nada que ofrecer? ¿Es música estancada en un mar de mediocridad?

En su tiempo recuerdo no poder soltar discos de bandas como Stratovarius o Rhapsody (hoy rebautizados como Rhapsody Of Fire), sin embargo nunca me pasó esto con Helloween. Seguí escuchando sus discos (con menor asiduidad, claro está) y si bien encuentro sus tres últimos trabajos, un tanto flojos en lo que se refiere a gancho; tenía esperanzas de que este show acabara con mis prejuicios.

Foto: Helloween.com

A bucear en el pasado

Se anunciaba en el ticket del evento que las puertas se abrirían a las 18. Todos sabemos que, al menos en Argentina, esto es algo que pocas veces se respeta; y como para no desentonar, el ingreso del grueso del público se produjo alrededor de las 18.45 o 19, cuando la primer banda soporte local ya se encontraba en escena tratando de encender a un público que fue muy respetuoso, y hasta se entusiasmo con algo de la propuesta. Lamento no recordar el nombre preciso de la banda, pero la falta de mención en las publicidades del evento y, en especial, el PESIMO sonido de las bandas soportes; atentaron con mi posibilidad de escuchar lo que fuera. Y acá viene mi primera queja: ¿hasta cuándo se seguirá contando en este tipo de eventos con bandas soportes a las que no se respeta desde el apartado del sonido? Es triste, la gente parecía levantarse en algunos de los temas de este primer acto, pero el sonido destrozó cualquier posibilidad de disfrutar de una banda como se debería. Repito, MÁS RESPETO Y TRABAJO para las bandas soportes es necesario; de otra manera lo único que se logra es quemarlos.

Algo mejor fue el caso de Magnos. La banda de Javier Barrozo saltó a escena con su enérgica propuesta, aunque tengo que reconocer que no estoy muy familiarizado con la misma. De todas formas el sonido mejoró un poco (no mucho), y la banda entregó temas ya consolidados y de su nueva placa. ¿Hace falta remarcar la potente voz de Barrozo? Es uno de los más grandes exponentes dentro del ambiente local, y eso se notó en cada intervención. Potencia y garra, así se define el corto set de Magnos, que se vio aun más afectado por los cortos tiempos (el cantante dijo que debían acortar el show y cerrar con dos temas nuevos). Sin embargo la banda estará en el Roxy el 25 de junio, con motivo de la presentación oficial de su nuevo disco.

Visiones del pasado y presente

Afortunadamente, el retraso que aceleró el show de Magnos hizo que no pasaran muchos minutos hasta que se presentara el primer plato fuerte de la noche: Stratovarius. No era sorpresivo que a pesar que la banda principal de la noche era Helloween hubiera una gran cantidad de fanáticos enfundados en remeras de Strato. Las dos bandas comparten un público en común, capaz de gozar con el más clásico power metal de Stratovarius, como con las pequeñas variantes  de sonido que ofrece una banda como Helloween.

Foto: songambulosdelrock.blogspot.com

“Infernal Maze” de “Darkest Hour” (su último trabajo)  fue el tema encargado de abrir el show de la agrupación finlandesa. A pura velocidad power y luchando contra un sonido que recién se ajustaría en el tercer tema,  el clásico “Phoenix”, la banda arremetió contra un público entregado desde el momento que arribó a Groove. La potencia del grupo queda patente en cada uno de los temas que se suceden. Desde canciones de su último trabajo hasta grandes clásicos inoxidables como “Kiss Of Judas”, “Speed Of Light” o “Hunting High And Low”. En el caso particular de quien escribe, los temas que más se disfrutaron de hecho fueron estos, aquellos que trasladaban al oyente a épocas más prolíficas y populares para un género que hoy se encuentra trabado. Pero no se puede hablar de estancamiento con grandes bandas como Stratovarius, es como decirle a Anthrax que se quedó clavado en los ’80. Para quien disfruta de este género en particular, Strato es una de las bandas más poderosas y enérgicas que pueden ver. Y eso quedo demostrado sin duda en el cierre con, como no podía ser de otra forma, “Black Diamond”, una pieza inamovible en los sets de estos pilares del power. Mención especial a la onda de Kotipelto para dirigirse al público, que le festejó todos y cada uno de los juegos que el cantante propuso. ¿Hablar de su condición de vocalista? Mmmm… redundante a esta altura, uno no puede negar que el tipo tiene una garganta privilegiada capaz de llegar a notas imposibles para simples mortales, y si a eso le sumamos la más que correcta presencia escénica del cantante, tenemos como resultado un combo que cumple a la perfección con lo que promete: un gran show.

La hora de las calabazas

No eran las 12 (pero cerca). No era Halloween. Pero cuando el telón de Stratovarius cayó y apareció el de Helloween adornado por un par de calabazas con motivos de su último álbum, la gente enloqueció y comenzó a cantar (¡por fin un cantito que sale del “olé, olé, olé”!) y a saltar aclamando por su banda. Pero si la salida de Stratovarius no se hizo esperar, la de Helloween fue casi una tortura. Entre preparativos en el escenario que incluyeron la aparición de una descomunal batería con cuatro (si cuatro!) bombos; el ambiente se fue calentando hasta que el momento llegó. Luces fuera, comienzo de intro y la expectativa típica de cada concurrente para que la banda toque las tablas.

Los alemanes salieron con todas las intenciones de romper cabezas con el corte de difusión de “7 Sinners”, “Are You Metal?”, aunque creo que rompieron más oídos que otra cosa: nuevamente el sonido jodió durante todo el show, aunque por suerte fue en algunos momentos puntuales, y la mayor parte del tiempo se mantuvo parejo. Andi, Markus, Sascha, Michael y Daniel tomaron por asalto el escenario con su gran humor presente durante toda la velada: Sascha no paro de regalar púas y arengar a la gente, Markus golpeando su bajo y haciendo caras; Michael con su humor parco y un tanto extravagante; Daniel aporreando la batería como poseído… y Andi… que decir de Andi? Mis dudas con respecto a él eran muchas. Recuerdo haber leído en varias entrevistas que le encanta usar efectos en las voces en estudio. Así que el desafío era ese, ver como reproducía su garganta los potentes sonidos que salen desde la compactera (compren original pi-ratas!!!!).  Y debo confesar que cuando entonó las primeras líneas de “Are You Metal?” temí lo peor. Fuera por el sonido o porque Andi todavía no le había sacudido al vino, sonaba como un tipo que era más showman (esperando los interludios para boludear) que un cantante. Por suerte las impresiones cambiaron luego de un par de temas y se sucedieron “Eagles Fly Free” , “Where The Sinners Go?”  y “Stupid Mankind” (entre otros).

Foto: Helloween.com

Y ya que hable de la garganta de Deris, mención se puede hacer sobre el resto de los intérpretes. Sascha no dudo un segundo en desparramar su talento sobre su viola que, lamentablemente, estaba mucho más arriba que la de Weikath (al menos desde donde me tocó oír el show). Weikath… bueno, es Weikath, uno no le pide mucho, no porque no pueda, sino porque se está ante la presencia del principal responsable de que esta aplanadora del heavy metal siga con vida. Pero sería injusto quitarle merito al gran Markus Grosskopf, que no solo es un eximio bajista, sino también un gran compositor. Por su parte, el menos comunicativo (lógicamente, estaba más arriba que todos y atrás de una torre de tachos gigante) fue Daniel Löble. Sin embargo su tarea la cumplió con creces, solo de bata incluido, esos que no salen del montón pero… alguien puede resistirse al sonido de semejante instrumento musical arengándolo? Creo que no, y al menos esa fue la impresión.

A medida que el show transcurría hubo tiempo de repasar la extensa discografía de la calabaza de manos de temas como “I’m Alive” (una de las preferidas de la audiencia por lo visto), “Handful Of Pain” (“Better Than Raw”… gloriosa placa!!!!), o el acústico “Forever And One (Neverland)” que sirvió como un interludio/variante interesante ante tanta adrenalina y saturación de solos que suele haber en un show de este tipo.

Debo decir, recordando la lista y habiendo estado presente; que Helloween me sacó sonrisas por dos razones: la primera, que sigue siendo una banda vigente, que no teme experimentar con su sonido y que no se toma demasiado en serio la solemnidad que requiere un género como el power (nada de montarse en dragones). Su discografía es variada, rica, pero por sobre todas las cosas gancheras. Soy de la idea de que no hay un disco totalmente malo en la carrera de Helloween, aunque si algunos muy flojos, pero incluso esos álbumes pueden contener temas que son más que disfrutables.

Foto: helloween.com

La segunda cosa que me hizo sonreír (o cagar de risa en criollo) fue Deris: sabia que el tipo hablaba en español (con el acento duro y típico de los alemanes), sabía que tiraba chistes y que era un personaje importante… pero todo esto por videos, comentarios o crónicas, nunca por verlo con mis ojos; y afortunadamente tuve la posibilidad de divertirme con cada una de las intervenciones del tipo… bah, intervenciones… NO PARO DE HABLAR EN TODALA NOCHE!!!! Sin embargo la gente entiende que Helloween se trata de una banda que siempre se encargó de mostrar un humor muy particular, y ante todo divertir al público. Por eso Deris es el indicado para comandar desde el escenario, un tipo que puede robarte 5 minutos de “I Want Out” solo diciéndote que “el batero es un maricón porque toca con tapones”, y que “el hijo de puta le cortó con coca un whisky bueno” que se había comprado en Japón (todo esto, DE HECHO ocurrió). Sea como sea, Deris, Helloween al completo, logran ponerse al público en el bolsillo desde que comienza el show. Y antes de que te des cuenta, suena “Future World”, termina, se van, vuelven al rato y sacan las ultimas risas en “Dr. Stein”, donde (y como sucedió a lo largo de toda la gira) un grupo de afortunados fans de la banda que se puso el correcto uniforme de doctor; sube al escenario para cantar, gritar y disfrutar a la par de sus músicos, despertando la segura envidia de más de uno.

It’s time… to go!

Han pasado las doce de la noche y el show termino. Las luces se encienden, indicando el camino fuera del recinto para emprender la vuelta a casa. Miro a mi alrededor y lo único que veo son caras de satisfacción y de haber tenido una noche de aquellas que son difíciles de olvidar. ¿Habla el fanático que hay en mí? Difícil, Stratovarius como dije, es una banda que ya no escucho más que ocasionalmente; y Helloween es un grupo del que disfruto cada vez que saca una nueva placa, pero les pierdo el paso rápidamente. Sin embargo el resultado es positivo. Con Stratovarius probablemente haya saldado una cuenta del pasado. Helloween en cambio no hizo más que llenar por completo mis expectativas y llegó aun más lejos de lo que yo pensaba; logró que no vea la hora de tener una nueva oportunidad para disfrutar de la calabaza. El año que viene. El otro. Cuando sea, ahí estaré para responderle a Deris lo que nos preguntó al principio de la noche: are you metal?.

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