Saints Of Buenos Aires: Mötley Crüe, 20/05, estadio Malvinas Argentinas

Por La Papa Metálica

Que linda odisea llegar al Malvinas Argentinas…. Y bueh, todo fue por tener la posibilidad de ver a la banda más importante que supo dar ese subgénero tan subestimado como es el Glam Metal. Mötley Crüe volvía a la Argentina después de su mítico show de 2008 (por lluvia, por fiesta, por onda y por la capacidad de la banda de sortear muchos problemas en el escenario) en el marco del Pepsi Music. Se presentó el jueves 19 y viernes 20 de mayo en el mencionado estadio, y como en este blog somos bastante pobres, solo pudimos asistir a uno de los shows. Pasen y vean si valió la pena…

motley.com

Ir al circo está caro

Como dije, llegar fue un quilombo. Y debo decir que llegar temprano puede condicionar a la hora de precisar un marco para el show. Había leído en varias reseñas que el jueves había sido un show más bien flojo, en el que la gente fue fría, los espectadores eran pocos y la banda trataba de levantar un muerto importante. Y cuando entré al estadio (JA!) encontré dos cosas que me sorprendieron: primero, la poca cantidad de gente que había en ese momento (luego esto cambiaría y el recinto se llenaría bastante); segundo el fuckin’ sector VIP. Es indignante caer un show y encontrarse con eso… no me malinterpreten, no tengo nada contra la gente que puede pagar lo que valía esa entrada para estar más cerca de sus músicos favoritos. Lo que si molesta es el afán de lucrar, a fuerza de la locura de los fanáticos, que tienen los productores de shows. No entiendo la lógica. ¿Acaso las compañías productoras no caen en la cuenta de que la cantidad de bandas que vienen hace que pagar una entrada a ese precio sea casi prohibitivo? Da pena, porque seguramente muchos fanáticos hubieran querido a asistir a este show, y se lo impidió la billetera… ¿800 pesos un campo vip de Mötley Crüe? ¿350 el campo común? Me considero un buen fan de la banda, y me emocioné el día que vi la noticia de su visita… ¿pero realmente esta banda vale esto? Pongámosle que sí, lo vale… ¿es lógico pensar que un fan de Mötley Crüe estaría en condiciones de pagar esto? Acá hay un abuso importante; hacia la confianza, a la buena fe y a los sentimientos de que quienes realmente viven la música. Encima no hay garantía de buen sonido, buen show o duración del mismo (en este caso fue una excepción). Es irritante, y hasta bochornoso para la banda. Dicen que la gente de Mötley no lograba entender como en 2008 metieron 22.000 personas en un predio al aire libre y no llegó a llenar ninguna de estas dos nuevas fechas. En fin…

Pero bueno, basta de quejas, la fiesta estaba ahí para quien pudiera ir. La noche comenzó a calentarse con la presentación de la baterista/vocalista Andrea Álvarez. Lo primero que se veía cuando salió a escena, fueron caras de escepticismo. Aceptémoslo, un poco prejuzga el público argentino, pero no se le puede echar la culpa cuando uno va a ver a Ozzy y le ponen de soporte al bajista de Babasonicos.  Y los rostros que se debieron ver esa noche seguramente fueron los mismos que se vieron cuando Andrea salió a escena. El set fue correcto y acorde con las circunstancias, y debo decir que con el correr del show la gente fue aceptando más la propuesta al punto tal que había un par de cabecitas sacudiéndose. Todo un logro para un soporte que muchos veían con desconfianza, pero que a fuerza de actitud y carisma para cantar y tocar, se ganó al menos un poco al público.

Pasado el mini show de Andrea Álvarez, todo quedaba listo para el plato de entrada de la noche…

Blackberry

Y pocas veces me cayó tan mal la comida. Lisa y llanamente Buckcherry me pareció una banda sumamente aburrida. Trate de buscar respu

estas, pensé que podía tratarse de la ansiedad por ver a los reyes del Glam; sin embargo los actos soportes suelen resultarme entretenidos bajo cualquier circunstancia, pero este no fue el caso. De todas formas, nobleza obliga, una buena parte del recinto pareció disfrutar de un set que en lo personal, encontré como altamente edulcorado y meloso.

Buckcherry es la combinación (bien medida, claro está) entre tatuajes, peinados locos, ventiladores y guitarras de lujo. Sin embargo le faltan kilos de rock y ruta como para llegar a estar a la altura de una banda como la que lideraba el cartel. Sin embargo, habiendo escuchado algo de la banda en días previos al show, hay que remarcar que suenan un poco más potentes en vivo, aun la voz de Josh Todd (bastante más amariconada en estudio). Sin embargo, y como se explica más arriba, la banda cumplió dejando al público más que caliente y a la espera del plato principal; a la espera de los oriundos de Los Angeles.

 

The mother fuckers of the year!

Pasadas las 21 las luces bajaron, y en el estadio se desató la locura. Mötley Crüe saltó a las tablas con la potente descarga de “Wild Side”, cargada de rebelión rockera y sucia, como le gusta a sus fans.

Que son grasas, que son cuadrados o no son virtuosos. Pueden decir lo que quieran para tratar de desacreditar a los santos de los Angeles, sin embargo cualquiera de esos argumentos se caía a pedazos ante un Malvinas bastante más colmado que en la fecha anterior.  A base de un hard rock potente y crudo, recorriendo clásicos de toda su época; los Crüe desgranaron viejos himnos como “Shout At The Devil”, “Same Old Situation” o “Primal Scream” (¡pogo destructivo en este momento!). Acompañados por un buen sonido que se mantuvo durante toda la noche, y una escenografía un tanto pobre; los Crüe se metieron en el bolsillo al estadio entero de la mano de sus canciones y de su  oficio. Porque si hay algo que esta banda tiene es oficio. Desde Vince Neil vociferando como si estuviera en sus épocas de gloria; hasta Mick Mars que esta vez habló (“QUIEREN GUITARRRRRA?!”) y peló un solo para nada monótono; pasando por Nikki Sixx, el alma de Mötley (y el único que salió lookeado de manera similar a la escena que empezó a crecer en los ’80 en Los Angeles)  o Tommy Lee, el más carismático de todos los músicos del grupo. El grosso de Tommy agitó a la gente, charló con todos e invitó una botella de Jägermeister a los fans (o al menos a los afortunados que pagaron 800 pesos por estar en el VIP).

Pero los Crüe son más que sus individualidades, auténticos rockstars todos ellos. Mötley simboliza el reviente y el descontrol del rock, la pasión que despierta un tema de estructura simple que genios como Mustaine serian capaces de componer y tocar en una mala mañana; sin embargo esas canciones “limitadas” son las mismas que le dan su encanto particular a Mötley Crüe porque no pretenden ser dioses, sino entretener y tocarte el alma y el corazón para que la energía se contagia por tu humanidad hasta grites, saltes, cantes y poguees como nunca lo habías hecho. Dicho de otra forma, la sonrisa no se te cae en toda la noche.

Los clásicos fueron pasando, en una lista demasiado pensada para los fans. Y digo demasiado pensada porque faltaron temas de su último disco que, a mi entender, es uno de los mejores trabajos del grupo y de las grandes placas que vieron la luz en 2008. Me da la impresión de que hubieran querido tocar más de S.O.L.A, y si lo hubieran hecho seguramente la gente hubiera disfrutado igual o más de lo que lo hizo. Sin embargo es incuestionable, no se puede dejar clásicos afuera, por lo que de este disco solamente pudimos disfrutar del tema “Saints Of Los Angeles” (con todo el campo saltando) contra canciones inoxidables del hard rock como “Don’t Go Away Mad (Just Go Away)”, “Dr. Feelgood”, la power ballad por excelencia “Home Sweet Home” o “Too Young To Fall In Love”. Incluso, hubo lugar para gemas inesperadas como “Helter Skelter”, el cover de los Beatles que la banda se adueño hace ya un tiempo.

En camino hacia el hogar dulce hogar

“Ten Seconds To Love” y Smokin’ In The Boy’s Room” (otro cover) eran demasiados buenos para ser verdad. El final tenía que llegar, y estos dos temas lo anunciaron. De la mano de “Girls, Girls, Girls” llegaba el final de un show mítico… o no. Porque la banda no podía irse del país sin tocar “Kickstart My Heart” y acá quiero hacer mención especial: fue un pogo realmente sacado, de una canción cargada de energía que la última vez (en 2008) nos abrió las puertas a un show histórico y ese viernes nos indicaba que todo terminaba; un tema que se cantó a todo pulmón. Post despedida, apareció el querido Tommy corriendo de lado a lado en el escenario rapeando una pequeña canción en honor de todos los músicos de la banda. Luego las luces se encendieron y a partir hacia la cruel espera del colectivo que trasladaba a la gente a su hogar.

¿Fue este un show mejor que el de 2008? Ni de cerca. Los muchachos pusieron todo su empeño, pero como se cuenta al inicio de esta crónica, ese recital de hace 3 años se vio rodeado de una serie de circunstancias que lo hicieron aun más especial: la primera visita de los Crüe a la Argentina (y una genuina cara de asombro ante la respuesta del público), la gente que aguantó el retraso de la salida a escena en el día más lluvioso de todo el año, el setlist, o los micrófonos que se rompían y la garra de los músicos para no mandar todo al carajo (puro trabajo y profesionalismo para algunos, un gesto de amor hacia una concurrencia enloquecida para otros).

En este show, de eso, quedó el setlist. Y un poco más. Quienes asistieron ese viernes al Malvinas Argentinas se encontraron con una banda que venía a retribuir lo que recibió hace tres años; un grupo al que se notaba contento de estar sobre las tablas y que dejó todo a nivel sonido y potencia para una audiencia que respondió con igual entusiasmo ante tanta magia de los ángeles caídos en suelo argentino.  ¿Qué la concurrencia fue pobre en comparación a 2008? Ese debate estúpido queda para los medios mainstream. Si no hubo más fans, ya sabemos de quien es la culpa.  La fiesta estuvo. Que viva la fiesta.


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