Slayer, 05/06, estadio Luna Park: Metal de ojos inyectados y dientes apretados

Por La Papa Metálica

Es difícil escribir de Slayer. Es difícil hacerlo sin caer en los lugares comunes: que es brutal, que su show es asesino, te violenta y que vas el pogo más enfermo de tu vida… decenas de  calificativos cabrían para tratar de describir la experiencia Slayer en vivo, sin embargo, no dejan de ser todos tan repetitivos como, a su vez, garantes de calidad. El recital del Luna fue la respuesta necesaria a una pregunta que rondará en la cabeza de más de un individuo que no haya podido estar presente alguna vez en los intensos shows de esta banda: ¿es para tanto? Si tenés ganas de leer, hace click en la entrada y lee la crónica… de otra forma, anda a la última línea del texto.

Entrando a la arena

La entrada al Luna Park fue tan sorpresiva como grata: ni bien uno se baja del subte para toparse con el intenso frio de la noche porteña; se encuentra con que no hay que hacer una fila desalentadoramente larga para entrar al recinto. Ahora, las preguntas tomaban forma en mi cabeza: ¿Se debía a que había ido muy temprano? ¿O la gente (como viene sucediendo con varios shows) simplemente no puede costear las entradas para este tipo de evento (por cantidad y precio claro está)? Mmmmm… parece que era un poco de ambas cosas. El fanático de Slayer no es un gran fan de O’Connor, que se presentó como acto soporte (quien para variar brindó un acto a la altura de su historia), además la ansiedad por ver a su banda podía hacer que la espera se extendiera demasiado mientras duraba el set del ex Hermética.

Así fue que, cuando Claudio terminó su show, y luego de que el público lo despidiera respetuosamente; la base de seguidores de la banda más jodida del mundo comenzó a llegar en manada. Tanto fue así, que para cuando faltaban apenas minutos para el show, el alicaído aspecto que el Luna Park tenía cerca de las 19.30, se había transformado en un marco más que interesante e idóneo para disfrutar a uno de los grupos más respetados y ovacionados que el viejo y querido thrash nos supo dar.

La misa negra está a punto de comenzar

Slayer, desde el vamos, es una banda que no le gusta andar con vueltas. Tanto es así, que creo que es la primera vez que veo salir a una banda (cerca) del horario pautado. Apenas 15 minutos pasaron de las 21 para que los cerebros comenzaran a quemarse y los cuerpos a unirse en una gran masa uniforme al compas de los riffs más degenerados que alguna vez vas a poder escuchar.

La banda salió a escena con dos thrashazos de su más reciente producción, “World Painted Blood” y “Hate Worldwide”; temas que se encargaron de calentar al público para la llegada de la primera gema de la noche, “War Ensemble”. En apenas tres temas, ya hay varias cosas que se hacen evidentes para cualquiera que forme parte de la brutal carnicería. Primero que Gary Holt (Exodus) es el “chico temporario” ideal para la tarea de reemplazar a uno de los principales compositores del grupo, Jeff Hanneman, quien, recordemos, fue picado por una araña que no le dio poderes, así que no pudo salir de gira. Segundo, nunca (y digo NUNCA) voy a lograr entender como mierda hace Kerry King para que no se le desprenda la cabeza en medio de un show… el tipo es una máquina de hacer headbanging!!!! Y encima de todo te dispara despiadadamente cada nota desde su guitarra, como desafiándote a que le sigas el ritmo… de más está decir que debería venir con un anuncio colgado al cuello de “no intenten esto en casa”.

Lo tercero que se te puede venir a la mente es que, seguramente, escuchaste mil bandas que suenan más podridas y heavies que Slayer. Pero estos muchachos tienen algo especial, no en vano son parte de los Big 4. Es fácil pensar que Slayer no será la banda más heavy del planeta, pero es también sencillo darse cuenta que no hay grupo en el mundo que pueda siquiera igualar la potencia en vivo que tiene esta gente. Juntá a la mugre más enferma del under, esas bandas conformadas por chicos cuyo objetivo es sonar más podrido que cualquier banda del mundo. Agarrá 100 de esas y 100 de las más famosas. Ni así pueden llegar, al menos, a igualar a Slayer en su peor día.

El ángel de la muerte

Slayer cayó sobre la masa que se presentó en el Luna con un set más que potente, lleno de clásicos distribuidos y mechados con joyitas semi olvidadas o futuros himnos metaleros. De esta manera se sucedieron temas como “Dittohead”, “Snuff”, “Postmortem”, “Bloodline” (el “careta” del set), “Dead Skin Mask” (como puteé cuando se fue el sonido de la voz en la intro), o “The Antichrist”; entre otros.

La efectividad del set se vio potenciada por el excelente sonido (una prolija aplanadora) y por las conocidas aptitudes de los músicos. Holt y King conformaron un tándem decididamente destructivo con sus violas, mientras que Lombardo (EL batero del metal) parecía odiar a su batería, a la luz de la golpiza que le propinó durante todo el show. Mención especial para Araya, el querido Tom decidió que la mejor forma de comunicarse con la gente era a través de la música (solo intervino con comentarios en un par de oportunidades), una decisión más que acertada. Lo cierto es que parado frente al micrófono con su larga melena y su barba, era como una suerte de hombre sabio dándote el secreto de la vida. Claro que en realidad te tiraba alaridos que hacían apología al descontrol generalizado, todo disfrazado detrás de una sonrisa macabra provocada, creo yo, por la satisfacción de ver lo que su música producía en miles de personas.

Una de las señales (quizá la más lamentable) para saber si un show es bueno, entretenido y te enganchó, al menos a mi entender, es la rapidez con que el mismo se va. Y así fue con estos thrashers, el show se pasó volando, no sin antes dejarnos totalmente aniquilados con un combo demoledor sobre el final; compuesto por “South Of Heaven”, “Raining Blood”, “Black Magic” y “Angel Of Death” (con el corte de la batería extendiéndose hacia la insanidad). Cuando se prendieron las luces, el veredicto a priori era certero: en el Luna había llovido sangre.

El anticristo

Slayer podrá no ser la banda más  masiva del mundo, podrá estar por debajo de Megadeth en ventas (o popularidad por estas tierras) y de Metallica en términos de convocatoria, pero las palabras del propio colo Mustaine afirman que es la banda que brinda los shows más intensos dentro del mundo del metal. Y si Dave Mustaine pone a una banda por encima de la suya es porque está hablando muy en serio.

¿Qué hubo la noche del domingo en el Luna Park? Lo que el colo dijo, brutalidad extrema, intensidad y emoción en cada uno de los concurrentes al show más directo que vas a poder ver en tu vida. Con este grupo podés plantarte de dos maneras: si no los viste nunca, es hora de que te levantes y te prepares porque seguro que pronto volverán. Y si los viste vas a querer volver a recibir una dosis de esta droga. El anticristo del Heavy Metal pasó de nuevo por Buenos Aires, y yo no pude evitar caer en clichés para describirlo. Pero el único lugar común relevante ante los hechos, es que Slayer puede sonreir y seguir disfrutando de su tan bien ganada reputación: la de ser la banda más jodidamente heavy del planeta.

Breve y directo: sí, lo de Slayer sí es para tanto.

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